El legado andalusíRevista digital de la Fundación Pública Andaluza El legado andalusíaño XIII (2012)
Mapa de la Guerra de África

Pedro Antonio de Alarcón en la Guerra de África (1859-1860)

Antonio Rodríguez Profesor de Lengua Castellana y Literatura

...renglones trazados con lápiz en lo más recio de las batallas...

El joven Alarcón acude al campo de batalla, armado con espada, revólver, lápices, plumines, tintero, cuartillas, carpetas, un caballo, al que llamó África, y un fotógrafo al  que ha contratado en Málaga. Él se enorgullecía de haber sido el primer periodista de la historia en llevar un fotógrafo al continente africano.  Aunque el mal tiempo que dominó aquellos días hizo imposible el trabajo de su ayudante, es digno de señalar el gesto del escritor, que, además del significado periodístico, como visión de futuro de la importancia de la imagen en la prensa moderna, indica un cambio de actitud del autor, del romanticismo al realismo. No va con la idea de idealizar lo oriental, de satisfacer el imaginario que las fantasías románticas transmitían del exótico Oriente (jinetes, luna llena, odaliscas); sino de dar un testimonio verídico y auténtico de los hechos. El nombre del título de la obra refleja ese carácter testimonial y público. Es diario en el doble sentido de la palabra. Testimonio individual  de hechos vividos y  publicación periódica para el conocimiento público. También supo  aprovechar  que a partir del 29 de diciembre existe cable telegráfico submarino, y le dio a su estilo un tono coloquial, narrativo, emocionante, destacando la inmediatez de la noticia; próximo al periodismo moderno (“Ya suenan los primeros tiros. Adiós amigos. Hasta la noche”, “Conque hasta mañana, que la sopa está en la mesa; o por mejor decir, el potaje está en el suelo”, “Voy a apagar la luz, no sea que el lienzo de la tienda deje paso a la claridad, y esta sirva de blanco a los cañones moros”).

Los artículos se publicaban bajo el título de Diario de un testigo de la Guerra de África, en folletos de ocho páginas, de los que se vendían cincuenta mil ejemplares a real cada entrega, durante cinco meses. Es una cantidad desorbitada teniendo en cuenta el altísimo analfabetismo que había en España. También hay que considerar la propagación que tendrían, pues eran leídos en voz alta en hogares, barberías, plazas, etc. No cabe duda de que se trató del best-seller de la época.

Al terminar de publicarse el Diario..., los editores le dieron medio millón de reales aparte de lo acordado. A esta suma hay que añadir las ganancias derivadas de la posterior edición de la obra en formato libro (dos tomos) en el mes de marzo, y las siguientes reediciones.

Para ponderar la importancia de la suma recibida, pensemos que el protagonista de su cuento La novela natural dice haber vendido un cortijo en Jaén por 80.000 reales. Esta misma cantidad recibe de renta anual por un mayorazgo el protagonista de ¡Sin un cuarto!; y 20.000 reales anuales es el sueldo como “oficial primero de Intendencia”  de don Francisco de Bringas en Tormento, de Pérez Galdós (si bien supone un “rigurosísimo presupuesto”), etc.

Pedro Antonio de Alarcón se suma en sus artículos a la ola generalizada de patriotismo, aunque reconoce que “hay desproporción entre la noble ira que hoy conmueve a toda España y el vejamen que pueda  haber sufrido en Ceuta nuestro pabellón”. Por cierto que esta declaración, que aparece en la dedicatoria al general Ros de Olano, en folletín, desaparece en las siguientes ediciones, en libro. Pero no esconde a sus lectores las penalidades de la guerra. Reconoce el error cometido por escoger la estación invernal para esta campaña, en la que incluso han de soportar frecuentes nevadas, y el error en la elección de los objetivos y de los caminos, así como la deficiente atención médica. Así resume los sufrimientos de los soldados: "Seguimos lo mismo. Llueve, arrecia el cólera y se trabaja en el camino de Tetuán”.

Cuando el escritor llega a África, la guerra lleva dos meses. El 25 de noviembre Prim ha logrado la importante victoria de Bullones, pero la guerra está lejos de terminar. La epidemia de cólera diezma el ejército que se ve reforzado con el Cuerpo de Ros de Olano en el que se enrola. La campaña, según los datos más bajos estimados (que son los suministrados precisamente por Alarcón) dan un total de cuatro mil muertos, tres mil de ellos víctimas de las epidemias; otras estimaciones doblan esta cantidad.

Al alistarse, Alarcón compromete su futuro profesional y político, y también su vida; se involucra en la campaña, es herido en el frente dos veces, por lo que se ve premiado con la Cruz pensionada de María Isabel Luisa, y la Cruz Laureada de San Fernando,  pasa noches a la intemperie, comparte jergón con prisioneros, se compadece de los enemigos heridos, dialoga con esclavos negros y fanáticos cadíes, asiste estremecido a la muerte de compañeros de armas, disfruta el júbilo de la toma de Tetuán, ciudad que describe emocionado, sin poder ignorar el origen andaluz de sus habitantes y el parecido con los pueblos y  monumentos de Granada y de Almería; sobre todo le conmueven las figuras femeninas hebreas y árabes, que describe con indisimulada carga erótica.  En la batalla vive ajeno al nerviosismo del riesgo; esa sensación es impropia de él, tan pendiente de la imagen que da ante los demás, ahora está comprometido con el dolor; no solo de sus correligionarios, también siente el dolor de sus enemigos. Por fin, llora al abandonar el continente y evocar los momentos pasados.

La estancia en el Rif le ha hecho alejarse de la sociedad superficial madrileña y le ha hecho vivir intensamente los ambientes y personajes que ensoñara en su adolescencia accitana. Pérez Galdós lo describe en la campaña: “Con las vueltas del pañuelo de colores en su cabeza, Perico Alarcón era un perfecto agareno. Viéndole de perfil, la vivaz mirada fija en el papel, ligeramente fruncido el ceño... Así le sale historia de España lo que debiera ser historia marroquí... Perico, moro de Guadix, eres un español al revés o un mahometano con bautismo... Escribes a lo castellano, y piensas y sientes a lo musulmán... Musulmán eres... “ (Aita Tettuen).

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