El legado andalusíRevista digital de la Fundación Pública Andaluza El legado andalusíaño XIII (2012)
Mapa de la Guerra de África

Pedro Antonio de Alarcón en la Guerra de África (1859-1860)

Antonio Rodríguez Profesor de Lengua Castellana y Literatura

...de cómo senté plaza...

Conforme pasa el tiempo, las noticias son más desalentadoras. Los hechos ponen de manifiesto que en la organización de la campaña ha habido improvisación y descoordinación. La crudeza del invierno impide el transporte marítimo de tropas, caballos y material bélico. La ocupación del Monte Negrón, que tiene que dar el acceso a Tetuán está estancada y se hace necesaria la participación de un nuevo cuerpo de ejército. El general Antonio Ros de Olano es designado jefe del nuevo batallón, que embarcará desde Málaga el 29 de noviembre. El general es también afamado poeta y autor teatral.  Y es amigo personal de Pedro Antonio de Alarcón, que ve la oportunidad de satisfacer sus deseos de conocer el mundo musulmán y de ejercer como cronista de guerra, hará de Ercilla, de Bernal Díaz del Castillo de las gestas de su amigo.

Pedro Antonio de Alarcón, se compromete a enviar sus artículos a los editores Gaspar y Roig. Todavía no había publicado ninguna novela, ni había intervenido en la vida política. Como escritor, había intentado suerte con una obra teatral, pero fracasó y renunció a la literatura. Era un periodista entrometido, un hombre de mundo codiciado en los salones de la alta sociedad, conocido por sus cuentos y cuadros costumbristas, y por los retratos de escenas de la vida de Madrid, especialmente de la vida nocturna y frívola; y temido por sus dardos irónicos. No parecía reunir el perfil de un cronista de guerra, pero él está dispuesto a asumir el reto.

En Málaga, donde se dispone a embarcar con la tropa, se ve impactado por el escenario dantesco que contempla. El mundo militar no son los escenarios deslumbrantes que imaginaba, sino miles de jóvenes heridos y agonizantes en tiendas de campaña o al aire libre en medio del puerto. Entonces, el periodista rutilante de la Corte, en un arrebato romántico, decide alistarse como soldado raso en el batallón Ciudad Rodrigo. Él, que se había humillado ante su padre para conseguir librarse de las penurias del servicio militar, ahora se alista voluntariamente para ir a la guerra, y a las posiciones más arriesgadas. Era el 11 de diciembre de 1859.

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