El legado andalusíRevista digital de la Fundación Pública Andaluza El legado andalusíaño XIII (2012)
Mapa de la Guerra de África

Pedro Antonio de Alarcón en la Guerra de África (1859-1860)

Antonio Rodríguez Profesor de Lengua Castellana y Literatura

...mi antiguo afán de esparcirme, de ver, de ser visto...

Pedro Antonio de Alarcón, pasa el verano de 1859 en Guadix. Ya no es el joven calavera, bohemio y revolucionario que abandonó la ciudad  en 1853; aquel que doña Emilia Pardo Bazán describía como joven con aspecto de suicida, “melenudo” (¿alguien se puede imaginar al insigne académico “melenudo”?) y “macilento”, poseído de “repentinos y fugaces pujos democráticos”. En 1854  le cupo en suerte ser llamado a quintas, y tuvo que regresar de Madrid para suplicarle a su padre la compra de la redención del servicio militar. El padre le hizo jurar que volvería a la casa familiar al menos una vez al año, y desde entonces cumple la promesa hecha, como mínimo cada verano, y regresa a Madrid pasadas las fiestas de San Miguel.

Como cada año, se reencuentra con algunos de sus viejos amigos de La Tertulia.  Es el periodista de moda en Madrid, los principales periódicos  envían a Pedro Antonio de Alarcón, según él cuenta,  con la misión “de correr mundo, de presenciar cuantos sucesos notables ocurrían en mi tiempo, afán que me había llevado a todo linaje de inauguraciones, y espectáculos, a ver ajusticiar reos, a la primera Exposición Universal de París”.  A pesar de su juventud, este año ha sido cronista mordaz de los carnavales, ha reseñado la Exposición Floral de Valencia y la inauguración del ferrocarril de Madrid a Toledo, compartiendo vagón con la Reina, ha sido invitado por su amigo Antonio Trueba a Santander y acaba de disfrutar de las fiestas del Corpus en Granada, que ha dado motivo a su último artículo publicado ese verano: Una conversación en la Alhambra.

A nadie le sorprende que Pedro Antonio de Alarcón mantenga correspondencia con Juan Valera, escritor, diplomático y diputado por el partido moderado desde 1858. Este político es el primero en informar al escritor accitano de la deriva que está tomando el incidente de Ceuta, de la inutilidad de los esfuerzos diplomáticos realizados, por la intransigencia de ambos gobiernos, y le confiesa que “No sé qué movimiento instintivo del corazón me dice que si esta guerra llega a empezar ha de ser dichosa y ha de levantar de nuevo a la nación española”. Seguramente a Alarcón le parecería una reflexión exagerada.

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