El legado andalusíRevista digital de la Fundación Pública Andaluza El legado andalusíaño XIII (2012)
Detalle de la obra La caída de Ícaro, de Carlo Sarceni

Ibn Firnas, el ansia de volar

David W. Tschanz Licenciado en historia y epidemiología. Colaborador de Saudi Aramco

Volar el Bósforo

Cruzar En 1638, el ingeniero turco Ahmet Çelebi saltó desde la torre Gálata, el punto más alto de Estambul (62 m.), y –si hemos de hacer caso al relato– planeó durante unos tres kilómetros a través del Bósforo  consiguiendo así una recompensa de 1000 dinares de oro del sultán Murad IV. (Dicha proporción de altura y distancia supera con mucho la de los mejores planeadores actuales).

El capítulo final de este episodio, que acumula tantas experiencias, tuvo lugar en 1890, cuando Clément Ader con su Éole, consiguió realizar por vez primera un vuelo con motor de 50 metros cerca de París, donde se estrelló. En 1903, un borrascoso día de diciembre, en una playa americana, los hermanos Wilbur y Orville Wright consiguieron efectuar un vuelo sostenido y controlado, haciendo realidad los sueños que empezaron en Córdoba más de mil años atrás.

Hoy en día, aunque el nombre de Ibn Firnas apenas si se conoce en Occidente, en el Mundo Árabe es una figura histórica muy popular. En Qatar, en el aeropuerto internacional de Doha, el programa de gestión de su sistema informático lleva el nombre de “Firnas”. En Bagdad, una estatua de nuestro personaje se erige en la avenida que lleva al aeropuerto internacional, y un pequeño aeropuerto situado al norte de esta ciudad lleva también su nombre. Pero tal vez el legado que más hubiese apreciado sería que se le haya puesto su nombre a un cráter de la cara oculta de la luna, lo más lejano que el hombre ha podido explorar hasta ahora.

Traducción: Ana Carreño Leyva
Artículo publicado gracias a la colaboración de la revista SaudiAramco World

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