El legado andalusíRevista digital de la Fundación Pública Andaluza El legado andalusíaño XIII (2012)
Detalle de la obra La caída de Ícaro, de Carlo Sarceni

Ibn Firnas, el ansia de volar

David W. Tschanz Licenciado en historia y epidemiología. Colaborador de Saudi Aramco

Imitadores de Dédalo

A pesar de haber sido un fracaso, la noticia del vuelo de Ibn Firnas se extendió más allá de las fronteras de al-Andalus. Pero fueron las demás historias que surgieron, construidas unas sobre otras, lo que hizo que el tema ganara interés. Según admitió el propio Ibn Firnas, su fracaso se debió a que había dejado pasar por alto la importancia de la cola. Allá por el año 885, los vikingos cuentan una nueva historia: su héroe, Wayland, se fabricó unas alas con plumas pegadas para escaparse de la prisión de una isla, tal y como hicieron Dédalo e Ícaro. Cuando el hermano de Wayland, Egil, probaba las alas se estrelló, pero esta vez fue porque se lanzó con un viento muy fuerte. Hay un suceso que tiene lugar en el año 1010, cuyo protagonista es Eilmer, un monje anglosajón de la abadía de Malmesbury. Este hecho es relatado en el siglo XII por el historiador y monje de la misma orden William de Malmesbury: Eilmer... era considerado un erudito para aquellos tiempos... y en su juventud realizó una peligrosa hazaña, no exenta de audacia. Había conseguido ajustarse a unas alas -de un modo del que apenas tengo idea- a sus pies y manos, y confundiendo la fábula con la realidad, creyó que podía volar como Dédalo, y, aprovechando la brisa que había en lo alto de una torre, logró volar algo más que la distancia de un estadio (201,2 metros). Sin embargo, tanto  la violencia del viento y los remolinos, como por su propia imprudencia, hicieron que se  precipitara y se rompiera las piernas, quedándose cojo para toda su vida. Él mismo solía decir que su fracaso se debió a haber olvidado poner una cola en la parte de atrás.

La historia de Eilmer imita la de Ibn Firnas, pero puede que apunte algo nuevo que sirvió de enseñanza. El fracaso de Firnas se debió a que no puso una cola con pestañas que se elevaran para poder controlar que se quedara parado, o usarse para aterrizar “como un pájaro”. Egil no se lanzó al viento. Eilmer falló porque su planeador, mientras que parecía tener suficiente impulso para poder cubrir una distancia mayor que la de los otros, carecía de un timón que le aportara estabilidad en los laterales.

Pero hubo aún más intentos de vuelo. En 1920, Roger Bacon intentó –sin éxito– inventar el globo. Los esfuerzos de Leonardo da Vinci vieron su fin cuando tras estrellarse cuando se lanzó desde el puente de Florencia el 3 de enero de 1496, lo que llevó al descubrimiento de que la forma que tenían las alas era de crucial importancia para que los pájaros tuvieran la habilidad de permanecer  en el aire, lo que derivó en el descubrimiento de del perfil aerodinámico.

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