El legado andalusíRevista digital de la Fundación Pública Andaluza El legado andalusíaño XIII (2012)
Tabula Rogeriana, 1154 - Bibliotheque Nationale de France (MSO Arabe 2221)

Al-Idrisi y el Libro de Roger

Frances Carney Gies Escritora, especialista en temas medievales

Las cartas geográficas como instrumento

La razón de por qué los musulmanes dominaban el campo de la geografía era sencilla: la economía. Mientras que la Europa medieval estaba fragmentada y tanto a nivel comercial como político se había convertido en provinciana, el mundo musulmán estaba unificado por un floreciente comercio de gran cobertura geográfica,  la religión y la cultura. Tanto los mercaderes musulmanes como los peregrinos o los funcionarios utilizaban los denominados “libros de caminos”, unos itinerarios en los que se describían las rutas, las condiciones de viaje y las ciudades que se encontraban a lo largo del camino. Muchos de aquellos primeros autores de estos libros estaban en la lista de al-Idrisi: Ibn Jurdadhbih, un persa del siglo VIII que fuera director del servicio postal y de  inteligencia de Irán, al-Yaqubi, un armenio del siglo IX que escribió un Libro de Países; Qudamah, un cristiano del siglo X que había abrazado el Islam y que era un contable del fisco al servicio de Bagdad autor de un libro que trataba del sistema postal y de impuestos del califato abassí. Otros autores pertenecían a una tradición posterior de la geografía sistemática, como los investigadores del siglo X Ibn Hawqal y al-Mas’udi, que elaboraron libros que estaban destinados a ser algo más que guías prácticas para los recaudadores de impuestos o los empleados de correos; de lo que se trataba era de alimentar los fondos del conocimiento humano.

Los dos geógrafos de época pre-Islámica de al-Idrisi eran Paulo Orosio, de origen español, autor de la popular Historia, escrita en el siglo V, que incluía un volumen de geografía descriptiva, y Ptolomeo, el más ilustre de los geógrafos clásicos, cuya obra Geografía –que había sido escrita en el siglo II–se había perdido completamente en Europa, pero se conservaba en el mundo musulmán traducida al árabe.

Tras un examen profundo de estos trabajos de geografía que habían compilado, el rey y el geógrafo observaron las muchas discrepancias y omisiones que había en ellos, y decidieron entonces embarcarse en la tarea de  la investigación propia. El enorme movimiento que había en los cosmopolitas puertos de Sicilia los convertían en el lugar ideal para tal labor, de forma que durante muchos años apenas si había un barco que no anclara en Palermo, Messina, Catania o Siracusa que no fuese interrogado por al-Idrisi,  o hasta por el mismo Roger. ¿Qué clima había en tal país, cuáles eran sus ríos y lagos, había montañas? ¿Cuál era el perfil de sus costas y la morfología de su terreno? ¿Y qué  había de sus caminos, construcciones, monumentos, cultivos, cuáles eran sus oficios,  las importaciones y exportaciones, sus maravillas? Y por último, ¿cuál era su religión, su cultura, sus costumbres y su lengua? Además de esto, se enviaron expediciones científicas a aquellas zonas de las que no tenían información. En estas expediciones viajaban además dibujantes y cartógrafos para dejar constancia gráfica del país.

En el curso de la investigación al-Idrisi y Roger cotejaron las informaciones, se quedaron con aquellos datos que pudieron ser corroborados por los viajeros y se deshicieron de todos los datos contradictorios.  Quince años les llevó el proceso de recolectar  y evaluar la información; durante todo este tiempo, según al-Idrisi, no había apenas  un día en que Roger no consultara personalmente a los geógrafos, estudiara los informes con los que discrepaban, examinara las coordenadas de la astronomía, las tablas y los itinerarios, o estudiara minuciosamente los libros, sopesando las diferentes opiniones.

Conoce todos los articulos de
Frances Carney Gies