El legado andalusíRevista digital de la Fundación Pública Andaluza El legado andalusíaño XIII (2012)
Tabula Rogeriana, 1154 - Bibliotheque Nationale de France (MSO Arabe 2221)

Al-Idrisi y el Libro de Roger

Frances Carney Gies Escritora, especialista en temas medievales

El rey Roger y la geografía

Roger era un hombre alto y corpulento, con barba y cabellos oscuros, que gobernaba desde su magnífico palacio de Palermo con una mezcla de diplomacia, falta de misericordia, sabiduría y una pericia que hizo que muchos de los historiadores calificaran su reinado como el estado europeo mejor gobernado de la Edad Media. La suya era una energía legendaria; según la observación de un comentarista, Roger conseguía más cosas dormido, que cualquier otro soberano despierto. En su corte se jactaban de que no existía parangón en Europa con su elenco de filósofos, matemáticos, doctores, geógrafos y poetas, con los que pasaba gran parte de su tiempo. “Tanto en matemáticas como en la esfera política” escribiría al-Idrisi de su patrón, “no es posible explicar el alcance de su saber. Ni existe un límite en su conocimiento de las ciencias, por la manera  tan sabia y profunda en que estudió en particular cada una de ellas. A él se deben innovaciones singulares e inventos maravillosos para aquellos tiempos, como ningún otro príncipe había hecho antes”.

El interés que Roger profesaba por la geografía no era sino la más pura expresión de la  curiosidad científica que acaba de despertar en Europa, pero fue a un musulmán al que tuvo que recurrir necesariamente en busca de ayuda. El enfoque que la Europa cristiana daba a la cartografía tenía aún un carácter simbólico, más propio de lo imaginativo, cuya base eran más las tradiciones y los mitos que la investigación científica. Su uso estaba más bien orientado a la ilustración de libros de peregrinaje, exégesis bíblicas y otras obras. Los mapas de Europa eran algo pintoresco y vistoso que mostraban una tierra redonda compuesta de tres continentes de idéntico tamaño (Asia, África y Europa) separados por unas estrechas franjas de agua. El Jardín del Edén y el Paraíso estaban en lo alto, y Jerusalén en el centro, mientras que las regiones exploradas estaban ocupadas por monstruos fabulosossirenas, dragones, hombres con cabeza de perro, hombres con pies en forma de paraguas para protegerse del sol cuando yacían.

Lo que había disponible eran sólo unos cuantos mapas prácticos (cartas de navegación que mostraban las líneas costeras, cabos, bahías, bajíos, puertos de escala, y lugares donde se podían obtener agua y provisiones) y que dado el típico divorcio que existía en época medieval entre ciencia y tecnología, su uso se restringía a los navegantes. De igual modo, la información procedente de los viajeros se iba filtrando muy poco a poco en los mapas cristianos. Lo que el rey Roger tenía en mente era, por tanto, algo que tuviese la misma naturaleza práctica que las cartas de navegación, pero que abarcara la totalidad del mundo conocido. La misión intelectual que le fue encomendada a al-Idrisi era hercúlea: recoger y evaluar todo el conocimiento geográfico disponible –tanto el que contenían los libros como el que procedía de los observadores in situ – y organizarlo para que ofreciese una representación explicativa y fidedigna del mundo. Su propósito tenía en parte un sentido práctico, pero era mayormente científico: el realizar una obra que pudiese compilar todo el conocimiento contemporáneo que existía sobre la geografía del planeta tierra. 

Para llevar a cabo el proyecto, Roger fundó una academia de geógrafos a cuyo frente estaba él mismo como director, y al-Idrisi en calidad de secretario permanente para compilar y filtrar la información. Quería saber las condiciones precisas tanto de las  áreas que estaban bajo su control, como las que no: sus límites, climatología, caminos, los ríos que regaban sus tierras, los mares que bañaban sus costas.

En la academia empezaron haciendo un estudio comparativo de los trabajos que antes habían hecho otros geógrafos, entre ellos doce eruditos de los cuales diez pertenecían al mundo árabe.

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