El legado andalusíRevista digital de la Fundación Pública Andaluza El legado andalusíaño XIII (2012)
Artesonado de la Capilla de Santa Mª de La Rábida

La Ruta de al-Mutamid, de Sevilla a Lisboa

Redacción El legado andalusí

Recorrido por su parte andaluza

Ayamonte

La distancia entre Portugal y Huelva la marca el cauce del Guadiana, que separa Vila Real de Santo Antonio de Ayamonte y que se puede recorrer en un refrescarte paseo marítimo en trasbordador, o bien por el puente colgante que une los dos países, el nuevo puente Internacional del Guadiana. La fortificación romana la utilizaron los musulmanes, restaurándola, y Sancho II, rey de Portugal, la conquistó en 1239 y donó la villa a la Orden de Santiago, lo que produjo enfrentamientos entre castellanos y portugueses por el dominio de la región.

En esta zona, la tradición de conservar los pescados en salazón viene de los fenicios, y ha perdurado en forma de huevas secas y mojama de atún.

Lepe

Prosigue la ruta, camino de Lepe, todavía no muy lejos de la costa, con playas como Isla Canela, Isla Cristina o la Antilla. Al poco de entrar los musulmanes en la Península, las tropas de Musa ben Nusayr conquistaron esta población, que será centro comercial de los productos pesqueros de la zona. En 1283, el rey Afonso II de Portugal incorporó los territorios de Lepe, Gibraleón y Huelva a la Corona de Castilla.

Huelva

Al entrar en la ciudad de Huelva, se accede a una cultura milenaria. Bajo estas calles yace la civilización tartésica (siglos VIII a VI a. C), y desde entonces su historia está unida a la extracción y transformación de minerales. La necrópolis de La Joya ha revelado la riqueza y antigüedad de la presencia de Tartessos. La Beturia romana abarcaba el territorio entre el río Anas (Guadiana) y el río Betis (Guadalquivir).

La Onuba Aestuaria, que citan Ptolomeo y Plinio, llegó a tener suficiente importancia como para acuñar moneda propia. En el año 713 es conquistada por los musulmanes, que la llaman Welba, y esta denominación andalusí es la que ha perdurado; fue reino de taifa independiente hacia 1032, junto a Niebla, Silves y Saltés, con la dinastía de los Bekríes, señores de Huelva y Saltés. Por sus calles aún se respira la atmósfera primigenia de los descubrimientos, pues aquí nació gran parte de la gesta americana, con fray Juan Pérez y fray Antonio de Marchena que, desde el monasterio de la Rábida alientan los esfuerzos de Colón; las naves que parten, sin saberlo, hacia el Nuevo Mundo, son onubenses, así como gran parte de su tripulación. En 1833, Javier de Burgos nombra a la ciudad capital de la provincia del mismo nombre, y este hecho, junto a la llegada a Ríotinto de la compañía inglesa Matheson en 1873, sitúa a Huelva en un proceso de desarrollo demográfico e industrial que durará siglo y medio; en 1964 experimenta un último impulso decisivo, con la instalación del Polo de Desarrollo Industrial, que activa la economía de la ciudad e influye en su aspecto arquitectónico y su dinamismo social.

La Rábida

Saliendo por el otro extremo de la ciudad, a unos 10 kilómetros al sureste, se encuentra el célebre monasterio de la Rábida. Dentro del término municipal de Palos de la Frontera, en este promontorio natural se han sucedido diversos pueblos y culturas, desde los fenicios que adoraban aquí a Baal, hasta los romanos que adoraron a Proserpina. Cuando los musulmanes conquistan la región, se establece una especie de monasterio árabe, en que los ascetas no solo se dedicaban a la oración y la penitencia, sino también a la defensa del lugar fronterizo; los musulmanes conocían este lugar como rábida o rápita, y de aquí procede, con casi toda seguridad, su nombre. En el siglo XIII pertenece a la Orden del Temple, y en el XV ya es convento franciscano, aunque continúa siendo una fortaleza y un refugio contra los ataques piratas, igual que tantas torres defensivas en la costa andalusí. Cristóbal Colón llegó al monasterio en 1484, donde conoció a fray Juan Pérez, confesor de la reina católica, y fray Antonio Marchena; tras muchas discusiones recibe la ayuda suficiente de la reina para su expedición, y aquí prepara los detalles del viaje con Martín Alonso Pinzón. En el siglo XIX, con las desamortizaciones de bienes eclesiásticos, el monasterio es  prácticamente abandonado, hasta que los duques de Montpensier, primero, y la Diputación Provincial después, se hacen cargo de su restauración. La Corona, al final, lo devuelve a los franciscanos, y en él se conmemora el IV Centenario del Descubrimiento de América.

Palos de la Frontera

Además de la Rábida, el núcleo urbano de Palos también atrae la atención del viajero, que puede palpar la historia ultramarina en sus calles. La antigua villa romana Palus, “laguna”, se llamó solamente Palos hasta mediados del siglo XVII. Un siglo antes, los primeros cronistas del Descubrimiento de América confundieron Palos y Moguer, fundiéndolos en un solo pueblo: Palos de Moguer, así que en 1642 el Concejo Municipal de Palos añadió el resto del nombre, para distinguirse del pueblo vecino.

Moguer

La ruta sigue atravesando lugares colombinos, pues a unos 8 kilómetros aparece Moguer. La Mogauar árabe fue conquistada por la Orden de Santiago hacia 1240, en cuya jurisdicción se integra durante unos años hasta que pasa al Concejo de Niebla. Moguer es también conocida universalmente por el poeta Juan Ramón Jiménez, que lo inmortalizó en libros como Platero y yo. Se puede visitar la casa-museo que lleva su nombre.

Niebla

A unos 26 kilómetros de Moguer, tras cruzar el río por segunda vez, aparece Niebla.

Cuando en 713 es ocupada por los musulmanes pasó a ser una provincia de su demarcación territorial, una cora. Alfonso X el Sabio sometió a sitio a la ciudad durante nueve meses; termina cayendo en 1262, tras un asedio en que, según dicen, se utilizó la pólvora por primera vez en Occidente.

La Palma del Condado

A 12 kilómetros de Niebla está la antigua villa de La Palma, donde el mudéjar se refleja en el monumento más antiguo conservado en la localidad: la iglesia del Valle, del siglo XV.

Sanlúcar la Mayor

Continúa la ruta decidida hacia Sevilla, y en el extremo occidental de la comarca del Aljarafe (al-saraf, “puesto predominante”), aparece Sanlúcar la Mayor, “piropo del Aljarafe”, lindando con Huelva sobre el río Guadiamar. La Locus Solis romana tuvo senado propio, SPQS: Senatus Populusque Solucensis. En época musulmana fue llamada Albayda la Blanca y Alpechín, debido a sus prensas de aceituna (alpechín es el nombre del residuo acuoso del aceite), y los almohades defendieron con murallas la población. En 1251 la tomaron los cristianos, volvió a su denominación de Sanlúcar y llegó a depender de Sevilla.

A partir de aquí el ramal interior de la Ruta se bifurca hacia tierras de Portugal, y la parte española comienza su trazado en Cortegana.

Cortegana

Dejando Sierra Pelada a la derecha de la carretera, se entra en la sierra de Aracena. Durante el período de al-Andalus, el geógrafo al-Himyari se refiere a esta población como Cartsana. En los fueros que Alfonso X el Sabio confirmó el 10 de agosto de 1284, Cortegana es nombrada como villa de Sevilla.

Su fortificación, y la construcción del castillo, son fruto de las disputas entre Castilla y Portugal por la sierra, a fines del siglo XIII y principios del XIV.

Almonaster la Real

En dirección sureste hacia Sevilla, a solo 8 kilómetros, aparece Almonaster. En 1574, Felipe II separó Almonaster de la sede sevillana y en 1580 se incorporó a la Corona, tomando así, poco después, el sobrenombre de “la Real”.

Aracena

Los 30 kilómetros hasta Aracena transcurren por Galaroza y Fuenteheridos, y muy cerca de Santa Ana la Real, Jabugo y Castaño del Robledo. Son pueblos cercados de robles, castaños y almendros, que en septiembre se engalanan por romerías, en la alegría del anís, las flores de papel en las carretas, los bueyes y el almuerzo al aire libre.

En época andalusí existió una fortificación almohade en el cerro del Castillo, que en la primera mitad del siglo XIII dependió de la taifa de Niebla. El rey Fernando III reclamó esta población, que no quedó segregada de Sevilla hasta 1833, cuando se crea la provincia de Huelva.

Santiponce

Por fin se llega a la antesala de Sevilla. Esta población procede de la antigua ciudad romana de Itálica, de la que surgieron dos emperadores consecutivos: Trajano y Adriano. Santiponce nace en un territorio cercano llamado Isla de Hierro, que se inundaba frecuentemente por las crecidas del río. En 1603 una riada sepultó el pueblo, y los vecinos buscaron la protección del monasterio de San Isidoro del Campo, cuyos monjes les cedieron unas tierras altas, actualmente llamadas cerro de San Antonio y cerro de los Palacios.

Aquí ya nos envuelve la hospitalaria atmósfera de Sevilla, de donde parte la Ruta de Washington Irving con destino a Granada.

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