El legado andalusíRevista digital de la Fundación Pública Andaluza El legado andalusíaño XIII (2012)
Artesonado de la Capilla de Santa Mª de La Rábida

La Ruta de al-Mutamid, de Sevilla a Lisboa

Redacción El legado andalusí

Historia y tradiciones

El período histórico en el que vivió al-Mutamid, y al que contribuyó decisivamente, marca una etapa importante de la historia andalusí. A mediados del siglo XI ya se ha desmoronado el califato cordobés, con la caída de las dinastías omeya y hammudí, y empiezan a establecerse los diferentes reinos de taifas, sobre el territorio de las anteriores coras o provincias. Estos pequeños reinos estaban en guerra continuamente, y fue la falta de adhesión entre ellos lo que propiciara el avance imparable de las tropas cristianas, que durante décadas fueron estableciendo un dominio o dependencia comercial con estas taifas, mediante la imposición de parias o tributos.

Bajo mandato de la dinastía de los Almorávides, el rey de la taifa de Sevilla, al-Mutamid, es desterrado al Magreb, y muere en la pequeña localidad de Agmat, cerca de Marraquech, donde aún se conserva y venera su tumba.

Las tradiciones, las fiestas populares y la gastronomía de los pueblos del suroeste peninsular dan testimonio de la historia que ambos países compartieron en tiempos de al-Andalus; el aire de familia que se desprende de la singular mezcla de elementos musulmanes y cristianos, lo que constituye una enorme riqueza no sólo cultural y patrimonial, sino que está presente en aquellos elementos de la vida cotidiana, en los usos y costumbres de estos pueblos vecinos.

Si hay un rasgo cultural donde la herencia permanece como algo vivo es la gastronomía: así, El Alentejo ofrece una variedad de platos a base de cerdo, pan y aceite, con sopas frías de verduras troceadas (el gazpacho alentejano) que recoge esta síntesis de culturas; destacan el cabrito asado en horno de barro o las migas a la alentejana con carne de cerdo adobado; también son típicas las feijoadas, guisos de judías blancas o pintas con carne. Y cuanto más nos adentramos en el sur, más influencia andaluza se descubre en la mesa, como en el gazpacho del Algarve, y se consume más el marisco, como la cataplana de mariscos.

Y el vino siempre presente. La zona del Alentejo posee vastas extensiones de viñedos que producen diferentes tipos de vino bajo la denominación genérica de vino regional alentejano.

El Algarve oriental depara al viajero el Parque Natural de Ría Formosa, con más de 18.000 hectáreas que se extienden a lo largo de 60 kilómetros de playa, formando islas, marismas y bancos de arena, que constituyen uno de los humedales más importantes de Europa.

Después de Ayamonte, los lugares colombinos: Lepe, Huelva, Palos de la Frontera y Moguer, tienen la fisonomía propia de puertos de mar; luego el paisaje vinícola de La Palma del Condado, hasta llegar al alto Aljarafe, la fértil comarca que anuncia la capital sevillana, con naranjos, limoneros y muchos cultivos que promovieron los musulmanes.


El ramal interior de la ruta no es menos rico en parajes naturales. Vendas Novas, Montemor-o-Novo, Évora, Beja y Mértola participan del paisaje propio del Alentejo. Y, a partir de Aroche, el itinerario está marcado por la cercanía del Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche. Con 184.000 hectáreas, las lluvias que proceden del Atlántico forma un clima propicio para los bosques espesos. Está surcado por los ríos y afluentes de tres cuencas distintas: del Guadalquivir (Rivera de Huelva), del Guadiana (Caliente, Múrtigas, Ingenio) y del Odiel (Rivera de Linares, Rivera de Santa Ana). Aquí crece frondoso el castaño, especie introducida en época romana

que resulta la más característica de estas tierras. También se alzan magníficos quejigos en las dehesas de Cala y Aroche. Junto a los arroyos y regatos, en el fondo de los barrancos, crecen fresnos, sauces y alisos, que forman muchas veces auténticos bosques de galería; es el caso del río Múrtigas, del arroyo de Guijarra, del barranco del Colgadizo o de la rivera del Chanza.

Al igual que en la vecina región alentejana, en este Parque Natural habita el lince ibérico; también alberga nutrias, especie abundante en el pasado que hoy solo vive en los arroyos de aguas más puras.

Aroche, Cortegana, Almonaster la Real y Aracena, envueltos en la flora de la sierra de Huelva, van acercando al viajero hacia Sevilla a través de Santiponce.

El segundo rey abbadí de Sevilla, padre de nuestro rey poeta, del mismo nombre, gobierna desde 1042 y se anexiona Mértola, Niebla, Huelva, Faro, Silves, Algeciras, Ronda, Morón, Carmona y Arcos. Su sucesor hereda el reino en 1069, y acaba pidiendo ayuda a Yusuf Ibn Tasufin, jefe del ejército almorávide.

En la ciudad de Huelva se disfruta un amplio calendario de fiestas populares, que se abre en enero con las fiestas en honor de San Sebastián. Para esta solemnidad, se engalanan los balcones y fachadas con los palmitos tradicionales. Poco después, todo el sur peninsular (incluido Portugal) se abre a la alegría desbordante y alocada propia de los Carnavales, en que las agrupaciones musicales y humorísticas culminan sus largos meses de ensayo (las fiestas en Loulé son especialmente animadas).El Miércoles de Ceniza se procede al “entierro del choco”, en Huelva, y se comienza a preparar, en penitencia y oración, la Semana Santa. Después, las Cruces de Mayo (festas das Cruces, en Portugal), en torno a las cuales se festeja, con ánimo pascual, comiendo, bebiendo y bailando. Es el mes en que toda la provincia prepara sus  carretas, pertrechándose de todo lo necesario para la procesión más conocida de esta parte de España: la Virgen del Rocío. La fiesta de las Colombinas evoca la era de los descubrimientos, el sueño del Nuevo Mundo y la partida de las carabelas. En junio y julio se celebra en el Algarve el Festival Internacional de Música y las Festas dos Santos Populares en Lisboa. El 3 de agosto se festeja la Feria Popular de Huelva, con Festivales de Danza Iberoamericana y, en Portugal tiene lugar una de las fiestas más grandes y populares: la fiesta de la Señora de la Agonía. Al mes siguiente, la fiesta de la Patrona, Nuestra Señora de la Cinta, culmina el recorrido festivo de esta luminosa capital milenaria. La misma alegría y colorido callejero se encuentra en las fiestas de toda la provincia. Por el ramal interior de la ruta se encuentran también todo tipo de costumbres populares.

En Rosal de la Frontera celebran en mayo la romería de San Isidro Labrador, a la que acuden hermandades portuguesas, en la Ribera de Calaboza.

En Aroche también hay una gran romería pentecostal en la ermita de San Mamés; en Aracena celebran San Blas y la Candelaria con hogueras en la plaza Alta y una procesión, con bendición de las rosquillas y bollos.

Una extensa nómina de artesanos se desgrana a lo largo de las etapas de la ruta, abarcando un rango de oficios que va desde la cerámica (notorios son los azulejos de Portugal, esmaltados y pintados a mano en azul), la madera, la guarnicionería, el bordado, la talabartería, la alfarería y un sinnúmero de otras labores.

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