El legado andalusíRevista digital de la Fundación Pública Andaluza El legado andalusíaño XIII (2012)
El cultivo del algodón contribuyó a la producción masiva de papel en al-Andalus. © Archivo gráfico Fundación El legado andalusí

Kunnax: Los cuadernos de Al-Andalus

Juan Luis Tapia Periodista

Los libros

En el Magreb y al-Andalus los musulmanes encontraron una civilización muy desarrollada, que  recibió el legado visigodo y romano, así como el uso del papiro. La amplia red urbana de al-Andalus configuró un sector culto de la población, que se preocupó por acumular y conservar conocimientos a través del libro. Buena muestra será la biblioteca del al-Hakam II (S. X), muchos de cuyos ejemplares fueron destruidos por orden de Almanzor. Las guerras y enfrentamientos durante el periodo califal no acabaron con las bibliotecas andalusíes. Tampoco sucumbió la intención de propagar el Islam y sus saberes a través del libro durante los periodos almohade y almorávide, pero  en las luchas y enfrentamientos desaparecerían numerosos tratados, lo que no ocurrió con los ejemplares del Corán. De este modo se desconoce la maravillosa encuadernación que llevarían las obras de Averroes, que fueron quemadas en Córdoba.

El declive de al-Andalus discurrió paralelamente al de los fondos y riqueza bibliográfica, con la sola excepción de los benimerines. El fin trágico de esta riqueza bibliográfica lo pondría el cardenal Cisneros con la quema de libros en 1499, en la plaza de Bib-Rambla.

Los andalusíes usaban una especie de estuche que contenía las plumas y los tinteros. Según los textos, debía estar fabricado en madera de máxima calidad; su longitud debía ser aproximadamente la misma que la del antebrazo de un adulto y su interior tenía que ser lo suficientemente holgado como para contener al menos cinco plumas para los escribanos y siete para los sultanes, dado que así se simboliza el dominio sobre los 'siete climas' o sobre la totalidad del mundo conocido.

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