El legado andalusíRevista digital de la Fundación Pública Andaluza El legado andalusíaño XIII (2012)

El valle del Zalabí. Historia de un paisaje primitivo

Ana Carreño Leyva Directora Revista El legado andalusí

Tipología morfológica del norte de la provincia de Granada. © Ayuntamiento del Valle del Zalabí
El paisaje de la comarca de Guadix –al norte de la provincia de Granada- deja asombrados a los viajeros; los sorprendentes rasgos de este entorno recuerdan los de otras latitudes lejanas: el Cañón del Colorado, la Capadocia turca...

El relieve del terreno ofrece una singularidad que fue sin duda determinante para que distintas culturas se asentaran en estas tierras en la prehistoria. Esta impactante orografía es el resultado de una climatología diferenciada y extrema, que ha producido unos efectos extraordinarios al erosionar tanto los macizos rocosos como las colinas de arcilla, lo que ha condicionado su paisaje, caprichoso y evocador, ideal para el hábitat troglodítico, una tipología única en Europa que atrae a multitud de visitantes.

La construcción de las cuevas es posible gracias a la condición de blandura de la arcilla. Éstas se pican en las laderas de las colinas, barrancos o collados a partir de un plano vertical, para proseguir en horizontal horadando galerías y realizar tantas ramificaciones como se quiera. Las estancias resultantes son recubiertas de argamasa, y posteriormente se encalan. Los humos se evacuan por medio de chimeneas que se construyen perforando el cerro verticalmente y que luego afloran al exterior, lo que dota al paisaje de una fisonomía inaudita. El acceso se hace a través de una puerta de madera, a veces dividida en dos partes (la superior sirve de ventana); una tradición de origen morisco.


Respecto al auge de este tipo de vivienda en la actualidad, la arquitecta Meritxell Álvarez, que trabaja en un interesante proyecto de interpretación de este hábitat característico, nos cuenta que, “aunque no sea posible cuantificar el proceso, es cierto que especialmente en los últimos veinte años -desde la década de los noventa del pasado siglo- se ha dado un enorme salto en cuanto a la proliferación de estas viviendas, al producirse la convergencia de una percepción positiva de este tipo de residencia por parte de la población, y la política de apoyo desarrollada por los poderes públicos”. Del trabajo de investigación de Álvarez, podemos extraer interesantes informaciones: “La población ha aplicado unas técnicas sencillas e inteligentes para aprovechar las condiciones favorables que ofrece el paisaje para la creación de este singular hábitat, y el clima mediterráneo de matiz continental y con tendencia a la aridez definieron el marco natural en el que preferiblemente se extendió la excavación de vivienda. En cuanto a construcción se refiere, podemos considerarla como una arquitectura vernácula ya que ha sido una forma de hábitat proyectada por los habitantes de la región y un periodo histórico determinado mediante el conocimiento empírico y la experimentación, además de ser edificada con materiales disponibles en el entorno inmediato, con el objetivo de generar microclimas para obtener cierto grado de confort térmico y así minimizar las condiciones de climas extremos. Es también muy importante, desde el punto de vista actual, el papel socio-económico que desempeña para esta comarca una arquitectura bioclimática y sostenible integrada en el paisaje y el medio ambiente. Consideradas construcciones no agresivas, constituyen un importante legado de la arquitectura popular y su uso residencial se ha revalorizado hasta el punto que se ha pasado de ser considerada infravivienda a ser una vivienda bioclimática, acondicionada al presente y con un futuro prometedor. De ahí que junto al uso residencial tradicional, en los últimos años se esté impulsando el aprovechamiento turístico de las cuevas, que es ya una realidad que las convierte en elemento diferenciador y uno de los más atrayentes del sector”.

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