El legado andalusíRevista digital de la Fundación Pública Andaluza El legado andalusíaño XIII (2012)

Díaz Menarguez, un realismo casi mágico

Ana Carreño Leyva Directora Revista El legado andalusí

Hidropedal. © Jesús Menarguez
 “Mi objetivo al pintar, es siempre, usando la naturaleza como medio, tratar de proyectar sobre el lienzo mi reacción más intima ante el tema según se me aparece cuando más me gusta: cuando mi interior y mis ideas previas dan unidad a los hechos. La razón por la que elijo ciertos temas en vez de otros no la sé, a menos que sea que creo encontrar en ellos el mejor remedio para una síntesis de mi experiencia interior”

Edward Hooper.

  

La ilusión por lo que a uno le gusta...

Jesús Díaz ha visto a su madre pintar desde que era pequeño, ha visto a su hermano mayor y a su hermana dibujar desde siempre. Su madre expuso una vez en el centro de la asociación de vecinos de su barrio y lo recuerda como un acontecimiento muy importante para él.

Sus hermanos sacaban las mejores notas en dibujo. Una vez, su hermano mayor le ayudó con los dibujos de un cómic sobre Don Quijote para la escuela, y al día siguiente en clase sus compañeros le acusaron de recibir ayuda de su hermana. Él lo negó por vergüenza, y era verdad, pero es que no lo conocían ni sabían que su hermano mayor dibujaba todavía mejor, y era él que le había ayudado.

Sus hermanos, desde la época del instituto, no han vuelto a dibujar nunca más.

Así que fue, probablemente, el que recibió, de inicio, una herencia más limitada en cuanto a las habilidades artísticas, pero, por contra, una mayor ilusión por desarrollarlas. Hasta que tuvo veintitrés años no empezó a tomar clases de dibujo y pintura, y, por supuesto, sin tomárselo del todo en serio, ya que tenía otros trabajos.

En el año 2000 comenzó a realizar unos cursos de dibujo y pintura en la Universidad de Murcia, con profesores universitarios, y allí empezó a adquirir algunas destrezas que le dieron mucha confianza; fue entonces cuando tuvo conciencia de que  también podía desarrollar ciertas aptitudes para el arte. Algunos de estos profesores le animaron a continuar en su formación artística, convencidos, más que él, de sus capacidades.

En estos cursos coincidieron un grupo de personas con muchas inquietudes artísticas y ganas de aprender juntos y formaron el Colectivo XXI de Artes Plásticas de Murcia, con el que, durante varios años, organizaron diversas exposiciones colectivas, actividades formativas, viajes y excursiones, teniendo hasta un local propio donde se reunían a trabajar y cambiar impresiones. Hasta el año 2004 no se atrevió a mostrar sus trabajos individualmente, y fue en un bar de Alhama de Murcia. Una vez que rompe el hielo y se estrena con esta exposición, se animó a realizar más exposiciones individuales en Murcia y otros lugares. Entonces decide que quiere estudiar en la Facultad de Bellas Artes de Granada, adónde se  marcha al año siguiente.

Sus estudios en la facultad de Bellas Artes le permiten ampliar de verdad sus conocimientos prácticos, (experimentando en el dibujo, el grabado, las técnicas escultóricas) y también los teóricos, conociendo mejor la Historia del Arte o descubriendo multitud de autores (desconocidos para él hasta entonces). Pasa horas estudiando y disfrutando de la magnífica y bien dotada biblioteca de su facultad. Es de igual modo importante para el desarrollo de su carrera artística la experiencia que le brindan sus estudios en el extranjero, en este caso un año en la Accademia di Belle Arti di Bologna, que le nutre de la temática que trasladaría a sus lienzos, tablas y los materiales que usaría como soporte de su obra; el contacto con otro jóvenes artistas de diversas partes del mundo con  los que compartir su experiencia le enriquecieron tanto a nivel humano como profesional, experiencia que continúa al acceder a algunas estancias o becas de paisaje, como parte integrante de los grupos de alumnos seleccionados por la facultad de Bellas Artes, a nivel nacional o internacional,  dónde durante unos días, o unas semanas, se desarrolla un trabajo de pintura de campo, normalmente al aire libre, bajo la supervisión o siguiendo las directrices y consejos de algún reconocido artista. En estos talleres tuvo la suerte de aprender de pintores como Antonio López, Federico Guzmán, o Santiago Serrano.

Su carrera empieza a despegar cuando a estas grandes oportunidades para el aprendizaje se suma el aliciente de los premios, lo que le hace ganar confianza y poner más ilusión si cabe en su trabajo. De estos premios uno le produce una emoción especial: el organizado en 2008 por el Ayuntamiento de Villanueva del Trabuco, en Málaga, lugar donde un año antes estuvo precisamente disfrutando de su beca de paisaje.


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