El legado andalusíRevista digital de la Fundación Pública Andaluza El legado andalusíaño XIII (2012)

Doha, de las perlas a la modernidad

Inmaculada Cortés Martínez Licenciada en Geografía e Historia por la Universidad de Granada

Embarcaciones tradicionales en la bahía de Doha.
En el corazón del Golfo Pérsico, se encuentra Doha la capital por excelencia de la península de Qatar, un país dinámico y relativamente reciente que hasta 1971 fue protectorado británico.

Los territorios qataríes, gobernados desde hace 150 años por la familia Al-Thani, hasta hace relativamente setenta años, obtenían su principal fuente de ingresos de la pesca y la extracción de perlas en las tranquilas aguas del golfo.

Bajo el nombre de al-Bida, la ciudad de Doha llegó a albergar en su bahía más de 350 naves dedicadas a la pesca y a la recolección de perlas. Una extracción peligrosa para unas gentes de mar que arriesgaban sus vidas con inmersiones prolongadas en unos fondos marinos en los que contaban únicamente con la protección del cuero que protegía sus dedos.

Las perlas procedentes del Golfo Pérsico desde la antigüedad fueron muy apreciadas por su calidad, belleza y variedad de colores. Extraídas desde hace mas de 2.300 años, los romanos las llamaban “margaritas” y eran consideradas un símbolo del amor que a menudo dedicaban a la diosa Venus. A lo largo de la Vía Sacra ya existe constancia de la existencia de un gremio de “margaritarios”, es decir, de comerciantes de perlas que ejercían su actividad de forma habitual.

Un negocio de perlas naturales procedentes de zonas lejanas, que el mismo Plinio menciona como productos de lujo que utilizaban las mujeres para adornar los dedos, las orejas y los vestidos, rememorando la mítica leyenda que mencionaba que las perlas se originaban a partir de moluscos fecundados por los rayos de la luna. Un interés continuado por la tenencia de estas piezas nacaradas que también refiere tiempo después el Lapidario de Alfonso X cuando recomienda las perlas para “los tristes y medrosos” así como para aquellas otras personas que tuviesen “enfermedades por melancolía”.


Más tarde, durante los siglos XIX y XX, el interés por la obtención de las perlas del golfo continua en alza gracias a la demanda de clases adineradas -especialmente europeas- que veían en ellas el glamour y el exotismo de lo que denominaban como “perlas de Oriente”. En multitud de actos, fiestas y reuniones sociales de la época, las perlas eran consideradas todo un símbolo de distinción y buena posición.

Unas centurias caracterizadas por un comercio perlero que llegó a alcanzar precios exorbitantes hasta que en 1920 los japoneses iniciaron la comercialización de las perlas cultivadas. Una competencia inesperada para la ciudad Doha, que junto a la gran depresión de los años treinta y la contienda mundial, hizo temblar su mejor fuente de ingresos.

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