El legado andalusíRevista digital de la Fundación Pública Andaluza El legado andalusíaño XIII (2012)

Sierra Elvira, escenario de la Granada islámica

Jesús Ávila Granados Escritor

Sierra Elvira, en el corazón de la Vega de Granada, la montaña sagrada de las civilizaciones que, a lo largo de los tiempos, fueron colonizando la Alta Andalucía, ha sido siempre una referencia espacial de notable importancia para el desarrollo de los acon

Tan española fue la historia medieval de Castilla como la del reino nazarí de Granada. Sin embargo, las gran mayoría de los cronistas e historiadores de la Edad Moderna (s. XVI, XVII y XVIII) han preferido dispensar más atención a lo primero, considerando lo segundo el resultado de unos errores por parte de Castilla, más que fruto de unos aciertos del pequeño reino.

En muchos escritos de la época y posteriores, leemos: infieles, turba, criminales, fanáticos, etc... adjetivos que dicen poco a favor de un reino que tuvo que subsistir gran parte de su historia por sus propios medios, y en donde la literatura, la ciencia, las artes, la ingeniería, el comercio, la agricultura, la industria, la medicina, la filosofía…, son, parece, ignoradas. Era por tanto para los vencedores una cultura inferior, la cual había que destruir, enterrándola en el tiempo. Los historiadores e investigadores contemporáneos (Manuel Gómez-Moreno, Leopoldo Torres Balbás, Gallego Burín, Seco de Lucena, María Jesús Rubiera, Cristóbal Torres Delgado, y los que aún continúan sacando a la luz historia de al-Andalus como Emilio Molina y Mª Jesús Viguera, y un largo etcétera. etc.), más realistas y mucho menos apasionados ni influidos por ningún estamento, ahondan y logran llegar a la verdadera historia del medioevo granadino. Gracias a ellos, hemos podido conocer algunos de los muchos aspectos vedados por los cronistas anteriores, y por otros menos antiguos.

Los historiadores musulmanes, muchos de ellos presentes en los momentos cumbres de la cultura nazarí (Ibn Sa’id, siglo XIII; al-Umari, siglo XIV; ibn al Jatib e Ibn Jaldún, ambos del siglo XIV; al-Qalqasandi, siglo XIV, etc.), menos apasionados y vencedores, supieron transmitir todos y cada uno de los acontecimientos que iban sucediendo en el latir cotidiano de la vida y costumbres del último reino musulmán en Occidente: Granada.

Curiosamente, conocemos mucho mejor el episodio griego de Maratón, la guerra de Troya o las construcciones de las pirámides de Egipto o la historia de Babilonia, que de la batalla de Sierra Elvira, ocurrida en la Vega de Granada en el verano de 1319, con las importantes repercusiones y consecuencias que tuvieron lugar para el reducido núcleo musulmán del reino granadino.

A estas conclusiones hemos llegado, tras estudiar este significativo episodio –tan insignificante para la mayoría-, pero cargado de una honda e importante repercusión histórica y socio-cultural. Pero antes de hablar de la situación estratégica de esta memorable batalla, y pensando en el primer milenio de la historia de la Granada islámica, como reino independiente, hemos considerado de interés analizar algunos pormenores de la situación en la que se encontraba la ciudad desde la ocupación de la península por Tarik y Musa, en 711, así como la relación de sus poblaciones y de los sucesivos monarcas que gobernaron este pequeño estado del mediodía hispano.

Cuando los árabes se establecieron en el territorio granadino, que llamaron Cora –distrito o provincia- de Elvira, coexistían en la Vega tres grupos de población:

Una de origen ibero (túrdulos), famosa en la antigüedad por sus riquezas, situada a dos kilómetros al oeste del pueblo de Atarfe, y cuyo nombre de Iliberis (Ciudad Nueva) era pronunciado como Elvira cuando llegaron los invasores.

Otra, Casthilla, ciudad fortificada y habitada exclusivamente por judíos desde antes del siglo III, situada sobre la margen derecha del Genil, al pie de Torres Bermejas, su castillo, que posteriormente se extendió por los actuales barrios de San Cecilio y Santa Escolástica.

La tercera, Arrumana o Garnatha, en el cerro de San Nicolás (donde hoy vemos el célebre barrio del Albayzín), al amparo del castillo que se llamó Hisn-er-ruman, o arrumana, que se traduce como “Fuerte del Granado” o “la Granada”.

Más tarde, huyendo de la guerra civil entre árabes y muladíes, los habitantes de Elvira abandonaron esta ciudad, destruida y ya casi reducida a cenizas por el incendio. Entonces buscaron refugio en Garnatha, que luego, tras la caída del Califato cordobés, fue Corte de los reyes ziríes. Es precisamente en Elvira, donde han aparecido y siguen saliendo a la luz importantes hallazgos arqueológicos pertenecientes a la primitiva cerámica musulmana, similares a los encontrados en Medina Azahara.

Posteriormente, bajo el imperio de los almorávides en el siglo XII, habiéndose extendido Garnatha por el sector más meridional y Casthilla por el norte, se unieron ambas ciudades para formar la Granada. De esta época es la famosa “Puerta de Elvira”, nombre que le debe al estar orientada hacia la antigua ciudad muladí.

Desde el año 755, en el que Abderramán I realizó sus sueños de grandeza, el territorio granadino, anteriormente provincia del Califato de Oriente, pasó a depender del de Córdoba (tras producirse el desembarco de Abderramán I el 15 de agosto de aquel año, en el grao de Almuñécar y disfruto de una era de paz, sólo interrumpida por una guerra civil que se desencadenó a mediados del siglo XI, concluyendo en el año 913 cuando Abderrahman se presentó con un numeroso ejército.


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