El legado andalusíRevista digital de la Fundación Pública Andaluza El legado andalusíaño XI (2010)

Santos y romerías en el Magreb y en Andalucía

Florencio Sayago Historiador

Vista aérea de la peregrinación hasta la ermita de El Rocío. © Juio Donoso /Sygma / CORBIS
Cuando hace unos 40 años entré por primera vez en la medina de los qayrawaníes de Fez me encontré con una comitiva que, al son de trompetas, timbales y cantos, rodeaba a un niño montado con su abuelo en un caballo. Lo llevaban a circuncidar al santuario de Muley Idris. Seguí esa comitiva y así me encontré con mi primer santo marroquí, enterrado en una tumba cubierta con un manto de terciopelo bordado en medio de su ermita en una de cuyas puertas manaba una fuente de la que bebían numerosos peregrinos. Algunos de ellos eran negros y eso indicaba hasta dónde se extendía su devoción.

Al segundo lo encontré en otro santuario cerca de la argelina Tlemecén y se llamaba Sidi Bumedian el Sevillano: fue a partir de él como comencé a interesarme por el tema. No era tan difícil puesto que Miguel Asín Palacios lo había tratado, tanto en la traducción del libro Vidas de los santones andaluces de Ibn Arabí, como en el que dedicó a las concomitancias entre la espiritualidad de los discípulos del tunecino Abu Hassan el Chadilí –que, a su vez, lo fue de Bumedian- y la de los carmelitas. Había pues un hilo de conexión sutil, pero conexión al fin y al cabo, que unía a aquéllos con San Juan de la Cruz.

Pero una cosa es la altura espiritual o teológica a la que llegaran esas personas en su vida y otra la devoción multitudinaria que despertaran después y que, en ocasiones, no tiene nada que ver la una con la otra. No existe en el Islam mediterráneo una relación reflexiva entre el pensamiento Bumedian y quienes lo festejan, como tampoco existe entre el de San Benito -fundador del monacato europeo y, por ello, patrón de Europa para los católicos- y su romería, llena de danzas y elementos folclóricos, del Andévalo onubense. La gente que los festeja poco sabe de sus ideas teológicas o místicas; simplemente son importantes porque se han convertido en patronos locales y populares y representan a la colectivid

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