El legado andalusíRevista digital de la Fundación Pública Andaluza El legado andalusíaño XI (2010)

La Moaxaja andalusí en Egipto

Eduardo Paniagua Músico y arquitecto.

Ibn Sana al-Mulk el “Cautivo de Amor” (El Cairo 1155-1211)

Miniatura perteneciente a las Cantigas de Alfonso X el Sabio (s. XIII), donde se puede apreciar a un músico con una launeda, un clarinete primitivo de triple caña.
La moaxaja y su secuela el zéjel son invenciones poético musicales españolas que nacieron y se utilizaron profusamente en Andalucía. Más tarde viajaron hasta Oriente, donde también tuvieron mucho éxito y fueron objeto del análisis teórico, estudios de su retórica y gramática que no parecían necesarios en su tierra de origen. Moaxaja significa literalmente bordar, ornamentar, lo que en un collar enlaza una perla con otra.

Muqaddam Ibn Mu´afa al-Qabrí, fallecido en el año 911 o el 912, fue apodado el Ciego de Cabra (ver nº 37 de esta revista) por serlo de nacimiento y haber nacido en esta población cercana a Córdoba. Se le atribuye la invención de la moaxaja unos 50 años después de la muerte de Ziryab, el creador de la escuela musical andalusí cordobesa. 

Se trataba de un nuevo tipo de canción de forma libre, con rima y medida variable, y que contrastaba radicalmente con la qasida clásica, construida esta última rigurosamente con versos largos monorrimos. Las moaxajas estaban sujetas a la pauta de un estribillo popular (mudanza, vuelta), base y esencia de la composición, y cuando estaba cantada en romance o en el idioma dialectal, se convierte en un zéjel. Las moaxajas no querían ser grandes obras clásicas, sino obras vivas, composiciones menores hechas con chispa por artistas de talento exquisito, que utilizaban la retórica de la poesía árabe para expresar las emociones amorosas y otros temas ocasionales.

El Ciego de Cabra fue imitado por Abd al-Rabbini (m. 940) en su obra El collar único, pero según Ibn Jaldún (1332-1406), sus obras fueron completamente olvidadas. La moaxaja resucitó de nuevo con Ubada Ibn Ma´al Samá (m.1040) y Ubada al-Qazzaz de Almería. La moaxaja alcanzó su Edad de Oro durante el tiempo de los Almorávides, estrechamente ligada a la música de su momento, con los grandes poetas e innovadores músicos: el Ciego de Tudela (m.1130), Ibn Labbana (m.1113), Ibn Báya (m.1138) e Ibn Baqí (m.1145). Bajo los Almohades siguió floreciendo con Ibn Zuhr (m.1198) e Ibn Sahl (m.1251).

“Sonrisa de perlas, rostro de luna llena,
no lo amparaba el tiempo, más mi pecho lo albergó.

¡Ah, qué hallaba!, cosumíame aquel hallazgo,
que me elevaba paralizándome, feroz y parsimonioso.
Si le decía quizá, me preguntaba: ¿Dónde está ese quizá?

Cual caña de bambú se mecía, con lozano vaivén
y dos manos lo acariciaban: la brisa y el rocío.

No me queda más remedio, de la mano tómame el corazón.
Has agotado mi paciencia, aunque me esfuerzo;
un sorbo de miel y mi anhelo lo testifican.

¡Qué lejos está de aquellos labios el hijo de la jarra! 
¡Qué abismo entre el rostro del tiempo y el de las brasas!”


Abu al-Abbás Ahmad b. Abdullah b. Abi Hurayra al-Qaysi,
conocido por el sobrenombre de
Ciego de Tudela. Siglo XI-XII

La moaxaja se difundió rápidamente debido al vínculo constante de viajeros y peregrinos entre Oriente y al-Andalus. Ibn Quzman (1086-1160) se enorgullecía de que sus zéjeles se podían oír en Bagdad a los tres meses de componerlos, y con más frecuencia que en Andalucía.

Ahora te amo a ti, estrellita.
¿Quién te ama y se muere por ti?
Si me matan, sólo por ti será.
Si mi corazón pudiera abandonarte,
No compondría esta cancioncilla. 


Zejel de Ibn Quzman
(Córdoba h.1078-1160)

Este género poético y musical se divulgó en Oriente en el siglo XII durante el periodo Fatimí y Ayyubí, alcanzando su apogeo en Egipto con Ibn Sana al-Mulk (1155-1211) y sus discípulos: al-Fadil, Ibn Nabih, Ibn Wakil, Ibn Danyal, Ibn Nubata y Safadí. Este éxito de la moaxaja fue consecuencia de la revolución musical que produjo la canción basada sobre este género poético.

La forma moaxaja, desde entonces, se ha cultivado en Oriente hasta nuestros días, siempre reivindicada como símbolo de la herencia andalusí, perteneciendo al arte culto, entrando en la estructura de la nuba y la wasla de Oriente Próximo.

Cual tímido ciervo
mi amada es bella. 
Sus hermosos ojos 
robó a la gacela. 
Duna es luminosa 
con palma de perlas.
 

Fragmento de una moaxaja
traducida por García Gómez

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