El legado andalusíRevista digital de la Fundación Pública Andaluza El legado andalusíaño XI (2010)

Reseñas de libros recomendados

Clepsidras y relojes musulmanes

Antonio Fernández Puertas
Fundación El legado andalusí
165 págs.

Una frase utilizada en el mundo de la ciencia sobre cómo medir el tiempo es aquella que dice que “El reloj es el grillete del tiempo”. La importancia del paso del tiempo ha sido –y todavía es- una preocupación desde tiempos inmemoriales. No sólo por las ansias de “detenerlo” sino por el deseo de medirlo. Los primeros relojes de agua y clepsidras datan del antiguo Egipto donde también se usaban ya relojes de sol. Estos primeros artilugios con modificaciones y avances fueron utilizados durante muchos siglos para medir el tiempo, sobre todo durante la noche.

En este trabajo, la Fundación El legado andalusí recoge la evolución histórica y la descripción de los relojes y clepsidras en tierras del Islam de la mano de un especialista en Historia del Arte musulmán como Antonio Fernández Puertas. El catedrático de la Universidad de Granada recupera los trabajos de grandes científicos musulmanes como al-Jazini, Ridwan o al-Yazari, que recogieron el testigo de lo que ya habían hecho en este terreno griegos y bizantinos.

Esta obra, presentada en la pasada Feria del Libro de Granada, inaugura la colección ‘Ciencia’ que se suma a las que ya posee la Fundación y que se va a dedicar a temas científicos andalusíes y del mundo árabe islámico. En una edición bilingüe en inglés y castellano, el libro está dividido en cuatro grandes apartados que abarcan los relojes de agua y sol desde la Antigüedad hasta el siglo XIV.

Fernández Puertas desde su experiencia en los estudios del Arte musulmán fuera y dentro de España y sus conocimientos como historiador del arte, lingüista, arqueólogo y epigrafista elabora un interesante compendio que comienza con los autómatas y artilugios utilizados en Egipto y Mesopotamia pasando por las civilizaciones griegas y romanas. Basados en sus representaciones gráficas o por textos que describen cómo eran, podemos conocer cómo se hicieron estas creaciones que tras la caída del Imperio Romano tomaron como modelo el del sah de Persia.

El segundo capítulo de esta obra ilustrada recopila el estudio de los relojes y horologios del Occidente musulmán en la corte de los emires omeyas de Córdoba y en la ciudad palatina de Madinat al-Zahra. El lector podrá descubrir el reloj de mercurio inventado en la corte de Alfonso X el Sabio (siglo XIII) y los horologios de las mezquitas del Magreb que en las épocas almorávides y almohade llamaban a la oración. Otra invención de la época son los horologios-muebles usados en los palacios para las celebraciones religiosas.

Desde el conocimiento que le concede a Fernández Puertas haber sido director-conservador del Museo Nacional de la Alhambra de 1978 a 1992, el tercer capítulo está dedicado al horologio que fue usado en 1362 en el Mexuar de la Alhambra. Descrito en sus escritos por Ibn al-Jatib, el autor ha realizado un dibujo detallado del mismo. Estaba elaborado con madera hueca de 170 cm de altura recubierto de policromía y ornamentación y cambiaba de forma redondeada a la dodecagonal. Esta curiosa y original obra concluye con los maravillosos artilugios creados entre los siglos XII y XIV en el Oriente musulmán, fecha en la que los relojeros y tratadistas alcanzaron la plenitud creativa.

 

Guardianes de la Alhambra

Guardianes de la Alhambra

Carolina Molina
Roca editorial
368 págs

Esta nueva historia que tiene como protagonista a la Alhambra cuenta como principal virtud atrapar al lector desde su primera página. La novela, ambientada en tan romántico espacio y sobre el que se han escrito tantas cosas bellas e interesantes a lo largo de los siglos, consigue mostrar un nuevo punto de vista de la ciudad soñada.

Como dice en el prólogo la catedrática de Historia Contemporánea de la Universidad de Granada, Cristina Viñes, utilizando las palabras del crítico literario Melchor Fernández Almagro, la obra tiene mucho de otras obras y de ahí precisamente su valor. Guardianes de la Alhambra recupera para el lector las historias, visiones y sentimientos de los viajeros románticos, entre los que el más conocido es Washington Irving. Una realidad en la que se basa la autora para construir un relato de gran valor y evocador que consigue cautivar desde el comienzo.

La autora de Sueños del Albaicín, publicada en la misma editorial, elabora un entramado literario a partir del descubrimiento de una maravillosa biblioteca  que es más que eso. Es el descubrimiento de un hijo que es quien hace de narrador en la presentación y en el epílogo de la novela, sobre quién fue en realidad su padre. “A veces, lo mejor que hacen algunas personas es legar su historia a los demás cuando ellos ya no están para contarla”. Con esta frase de la autora resume lo que va a ser el comienzo de una gran historia que se va desvelando a lo largo de los capítulos. 

La novela tiene los ingredientes necesarios para despertar el interés: una vida al margen y desconocida además de una gran historia de amor con la Alhambra como escenario. Una Alhambra que en 1829 todavía distaba mucho de ser el gran monumento que es hoy, sin ninguna protección histórica y con todas sus historias y leyendas por contar y conocer. 

El libro nos descubre gracias a la curiosidad de Maximiliano por descubrir el pasado de  Manuel Cid -su padre ya fallecido-, las relaciones que entabló con grandes hombres que fueron los guardianes de una Alhambra que acabó convirtiéndose en Monumento Nacional y en museo. Por estas páginas y con los recuerdos de Dolores, una “autentica hija de la Alhambra” pasan Mérimée (creador del mito de Carmen), Gautier (el autor de La novela de la momia), Richard Ford (el hispanista que más divulgó las costumbres españolas) o el gran Dumas (padre de Los tres mosqueteros). 

Todos ellos son protagonistas de esta historia en la que no faltan el romanticismo, la pasión, el engaño en el entorno de una ciudad que sufre  incendios en calles y casas, las crecidas del río Darro y la enfermedad del cólera. Descubriremos una historia oculta en la que también hay tiempo para que el protagonista pueda vivir dos grandes pasiones: su amor por la Alhambra y por Francesca, una condesa italiana que marcará sus días.

 

La literatura secreta de los últimos musulmanes de España

La literatura secreta de los últimos musulmanes de España

Luce López Baralt
Trotta Editorial
704 págs

El tema morisco sigue estando de moda, y muchas veces sirve de punto de referencia. Podemos dar dos ejemplos: a raíz de la polémica en Francia, con motivo del hiyab, algunos autores temían que la prohibicion del velo fuese “el inicio de una serie de medidas cuyo objetivo final sería borrar  la identidad islámica, tal como ocurrió con los moriscos en España”. Cuando  se refiere a la inmigración de marroquíes a España, algunos periodistas  hablan de la  “vuelta de los moriscos”. Por eso el libro de Baralt cobra importancia, pues trata de un tema  de interés general que ya ha salido fuera del ámbito de investigadores.

Nos dice la autora que cada día se habla más sobre moriscos. Este interés se inició en España por el tema de las autonomías, y en  Estados Unidos de América por el de las minorías etnicas, sobre todo después del 11 de septiembre de 2001. En el mundo islámico se publican estudios en Argelia, Egipto, Marruecos y Túnez. Dichos estudios tienden a comprender el pasado para mejor comprender el presente. En Puerto Rico uno se encuentra a sí mismo en comparación con el morisco: se trata de una minoría que quiere conservar su identidad.

 Advierte la autora que, después de tantos estudios realizados, existen “problemas moriscos”, que son consecuencia de diferencias entre moriscos, por razones geográficas, profesionales, sociales y lingüísticas.  Así que no debemos hablar de los moriscos como una sola comunidad.

Algunos investigadores se han basado en procesos inquisitoriales, para concluir que la cuestión morisca fue tan solo un conflicto entre cristianos verdaderos y cristianos disidentes. En cambio, Márquez Villanueva sigue otro camino, alegando que dichos textos inquisitoriales no son nada objetivos y que, por tanto, debemos estudiar también aquellos textos literarios  maurófilos, textos que cuidadosamente ha estudiado Soledad Carrasco, para quien no toda la sociedad española  rechazaba a la minoría morisca. En todo caso, afirma Baralt, los textos moriscos se diferencian entre sí, por lo que debemos basarnos en el mayor número posible de dichos textos.

En los manuscritos moriscos encontramos la otra cara de la cultura española del siglo XVI: aquí, las casas de Dios son las mezquitas. Si el santo para los cristianos fue Juan de Ribera, para el morisco el santo es sidi Abul Ghaiz al Qassas, quien permitió que los moriscos aprendieran las enseñanzas del Islam en castellano. La literatura morisca – el Mancebo de Arévalo, por ejemplo- describe al cristiano de una forma nada positiva. Si “Ozmin y Daraja” nos pinta un escenario armonioso donde cristianos y musulmanes se respetan mutuamente, el Mancebo de Arévalo nos habla de la desgracia de muchas mujeres granadinas que fueron vendidas en plazas públicas tras la conquista de Granada. Si para un autor cristiano del Siglo de Oro los musulmanes son inferiores por no beber vino ni comer carne de cerdo, en la literatura morisca se burla de  esos “comedores de puerco”. Si Jesús es Dios en la literatura cristiana, en la morisca es uno de los profetas enviados por Dios. Muhammad, tantas veces criticado y burlado en la literatura cristiana, es el profeta más venerado por los moriscos.

Baralt hace un recorrido por la literatura morisca: nos habla de Boloquia y su viaje en busca de un profeta que no había aparecido. En el viaje encontramos todo un mundo mágico: islas de oro, playas de azafrán, árboles que hablan, caballos de madera que vuelan, niños que traslucen como unas estrellas. Nos habla de las profecías que –cree– eran el consuelo de un pueblo vencido que veía cómo iba de-

sapareciendo su pasado andalusí glorioso. Dichas profecías hablaban de victorias turcas. Baralt expone la historia de los libros plúmbeos y observa que dichos libros- como las profecias- tendían a levantar la moral de los moriscos que enfrentaban unas circunstancias cada día más difíciles. Habla de la magia morisca, presentándonos un códice sobre el libro del rey Salomón que cura toda clase de enfermedades. Asegura Baralt que los libros de magia morisca se relacionaron muchas veces con los de medicina y habla sobre médicos y sanadores moriscos, aclarando que la Mora de Úbeda no fue la única sanadora. La autora busca el origen de la medicina morisca indagando en libros andalusíes. 

Otro tema que aborda el libro lo representan los viajes moriscos de ida y vuelta: moriscos que pudieron huir de España, pero que volvieron  impulsados por la nostalgia a la patria querida y, también, en busca de tesoros que ellos mismos habían escondido antes de irse. Los moriscos que volvían a España lo hacían en forma de peregrinos. Al final encontramos textos que describen cómo huir de España hasta llegar a Turquía y cómo llegar a España desde Venecia. Baralt encuentra cierto parecido entre el Ricote cervantino y el Refugiado de Túnez. Ambos sienten nostalgia  por su patria española. 

Según el testimonio del padre Francisco Jiménez, los moriscos vivían en Túnez a la española hasta el siglo XVIII. El  libro de Baralt expone nombres de poetas moriscos que reunían entre lo español y lo islámico. Uno de aquellos moriscos se valió de los romances españoles para escribir una novela ejemplar en la que ataca duramente tanto la Inquisición como el dogma trinitario y el proyecto de Salvatierra (quien quería castrar a los moriscos y expulsarles a Guinea). 

Baralt habla de una parte del manuscrito S-2 en la que el Refugiado trata de la relación conyugal en todos sus detalles. Esta parte aborda algo extraño a la cultura hispánica, aunque va redactada en castellano. La autora expone antecedentes del Refugiado: Al Ghazali, Ahmad Zarruq, Nafzawi, etc. lo que distingue al Refugiado de los autores mencionados es que él intercala versos españoles en su exposición.

Habla también de las historias del Refugiado que tienen orígenes árabes, y van intercalados por versos de Lope de Vega. Los orígenes árabes  de los relatos apoyan la opinión de Asín Palacios sobre la literatura aljamiada: la literatura morisca no es más que una traducción de fuentes árabes.

El libro se cierra con unas páginas sobre la presencia morisca en el Nuevo Mundo donde los recién llegados encontraban más libertad. Recuerda  la autora los trabajos de Sagarzazu sobre el caso de Argentina. La aportación de Baralt consiste en la investigación sobre moriscos en la isla de San Juan,  subrayando el interés en un morisco médico que llegó allí en la segunda mitad del siglo XVI. 

En fin, todo un recorrido por la cultura morisca a través de los manuscritos aljamiados y aquellos redactados en castellano. Libro, pues, imprescindible para formar una idea más o menos completa de la producción  literaria de los moriscos que aquí tienen la palabra. Y no es libro tan solo para especialistas, porque la autora ha tomado el trabajo de traducir al castellano de hoy día muchas frases para que el lector no arabista  las pueda entender. Asimismo ha presentado versiones modernas de muchos textos aljamiados, con lo cual el libro  queda así apto para el lector no versado en el tema. 

Arquitectura doméstica en la Granada moderna

Arquitectura doméstica en la Granada moderna

Rafael López Guzmán (Coord.)
Edita Fundación Albaicín
452 pág

La arquitectura doméstica y su relación con el entorno urbanístico constituyen uno de los elementos esenciales para el estudio completo de la ciudad en la Edad Moderna, resultando limitada la visión de los centros históricos sin su existencia, de lo que se desprende la necesaria contribución que la obra coordinada por Rafael López Guzmán y patrocinada por el Programa Nacional de Promoción General del Conocimiento del Ministerio de Ciencia y Tecnología y la Fundación Albaicín-Granada se nos ofrece.

Estudios anteriores sobre esta tipología arquitectónica, como los realizados por el propio Rafael López Guzmán, Tradición y clasicismo en la Granada del XVI, publicada en 1987 o la guía de arquitectura en Granada de Eduardo Martín Martín y Nicolás Torices Abarca, de 1998, y la de Carlos Jerez Mir, presentada en 1996, han permitido desarrollar más profundamente este tema en los últimos años otorgándole la relevancia que se merece y aportando un conocimiento exhaustivo de los edificios que configuran el entramado viario de la capital granadina. A pesar de su calidad y amplitud, algunos aspectos escapaban a estas publicaciones, sirviendo la labor interdisciplinar ejercida en este trabajo que reseñamos para completar la cuestión de la arquitectura doméstica en Granada.

 

Un extenso grupo de profesores, investigadores y profesionales participan en la exposición de una ciudad con uno de los patrimonios arquitectónicos más importantes del país, tanto en número como en calidad, aportando una visión tomada desde diferentes perspectivas. Ahondando en todas las cuestiones de la materia, presentan un estudio sobre la evolución de cada uno de los edificios que forman este capítulo de la historia a través de sus peculiaridades específicas y teniendo siempre presente la incidencia que sobre el edificio tienen sus ocupantes sin caer en generalidades que puedan incurrir en errores, implicando en ello desde el estudio historiográfico y archivístico, clarificador para el estado de la cuestión, realizado por Juan Manuel Martín García y Amalia García Pedraza, hasta los cambios de uso e intervenciones sobre el patrimonio.

Un marco histórico preciso realizado por José Policarpo Cruz Cabrera ubica el ámbito cultural en el que se desarrollaron una serie de tradiciones constructivas condicionadas por la organización productiva, que queda claramente expuesta por Esther Galera Mendoza, haciendo hincapié en las técnicas y materiales empleados por maestros y alarifes, aportando un conocimiento exhaustivo de los procesos constructivos que abarcan desde la formación del maestro hasta el tipo herramientas y máquinas empleadas, claramente ilustrados a través de un amplio catálogo de imágenes obtenidas del tratado del Arte de albañilería de Pedro Zengotita y Juan de Villanueva. Dentro de ese mismo empeño por abordar todos los aspectos que inciden sobre la arquitectura doméstica, se incluye una percepción de los usos sociales desde una visión de género aportada por Elena Díez Jorge que refleja las repercusiones que un sector demográfico concreto tiene sobre estas construcciones y la importancia de los usos para definir espacios que resulten funcionales. Igualmente atentos a la realidad patrimonial, se incide en los programas e intervenciones llevados a cabo en los bienes que constituyen este conjunto urbano, mostrando una situación cambiante en la significación y percepción del patrimonio en el capítulo realizado por José Castillo Ruiz, Elisa Entrena Núñez y Gabriel Fernández Adarve, el cual se acompaña del análisis que el coordinador científico de este volumen hace de casos concretos en los que las funciones domésticas son sustituidas por otras de nuevo orden que responden a las necesidades del momento histórico, que en muchas ocasiones ha llevado a la destrucción o falseamiento de uno de los patrimonios que más rápidamente tiende a desaparecer como producto de intervenciones agresivas que no siempre respetan el área urbana del inmueble. El libro se cierra con dos epígrafes finales dedicados a la arquitectura de Loja, Guadix y Baza como centros periféricos trascendentales a través de los cuales completar la información de la capital debido a su proximidad respecto a ésta y a la anticipación en la adaptación de los núcleos urbanos medievales, apreciándose aspectos que luego fueron trasvasados a los modelos metropolitanos, y con la contribución de Miguel Ángel Sorroche Cuerva, con quien se incluye uno de los testimonios más fructíferos de la región, el de las construcciones vinculadas al medio rural y espacios de producción de la provincia, centrándose en el análisis del ámbito residencial de éstas.

Movida por el deseo de conservar los valores que muestran los edificios sometidos a la vida doméstica, la obra promueve el estudio de unos diseños que atienden a las necesidades de sus habitantes, unas necesidades cambiantes a lo largo de los tres siglos que ocupan el período examinado y por ello de difícil identificación en sus espacios y funciones.

Del intenso trabajo de recopilación y riguroso análisis llevado a cabo por un numeroso grupo de investigadores, sumado a un amplio repertorio fotográfico, resulta una obra que completa la cuestión granadina en el capítulo de la arquitectura doméstica moderna y marca las líneas esenciales que permiten profundizar en el tema, haciendo posible una mejor comprensión de la ciudad de Granada.